La tentación vive en la nevera

Toblerone Gigante

Y tiene forma de Toblerone gigante

Lo que voy a decir va en contra de todas las reglas de publicidad en fitness pero a veces me gusta tirar piedras en mi propio tejado: El proceso de perder peso apesta. Supone cambiar hábitos y relaciones con la comida que tenemos sólidamente integrados en nuestra rutina y eso no es precisamente fácil. Todos esos anuncios de “pierde peso sin esfuerzo” o “2 tallas menos sin dietas” son directamente una mentira. Ale, ya lo he dicho.

La manera sencilla y que funciona realmente para “perder” peso es NO ganarlo en primer lugar pero, si estás leyendo esta entrada, es muy posible que llegues tarde a esa conclusión. Pero aún no está todo perdido, nunca es tarde para empezar en el buen camino, la cuestión: ¿es solo un problema de “fuerza de voluntad”?.

¿Por qué querer perder peso en primer lugar?

Aquí cada uno tendrá su contestación particular, la más habitual suele ser “para verme mejor”. Suena superficial pero así somos, aunque hay muchas más razones: las articulaciones lo agradecen, especialmente las rodillas, te mueves mejor y, normalmente, tus analíticas mejorarán visiblemente (especialmente si combinas la perdida de peso con un programa de ejercicios razonable).

También hay un lado negativo en la perdida de peso. La grasa sirve como deposito de toxinas y bajar peso de golpe puede hacer que se liberen demasiado rápido, si no cambias tus hábitos y forma de pensar sobre la alimentación corres el riesgo de recuperar rápidamente tu peso anterior y cada ciclo de rebote hará más difícil la siguiente bajada y, quizás la más importante, es prácticamente imposible perder peso sin perder músculo (es posible que sientas la tentación de pensar que perder músculo no es tan importante, pero perdemos masa muscular con la edad y lo último que quieres es acelerar ese proceso).

Sin embargo, si tienes algo de sobrepeso las ventajas de ponerte en orden superan con creces las desventajas. Así que estás decidido/a a bajar de peso pero…

El camino está lleno de trampas

No tiene mucha importancia como ha llegado hasta allí, la cuestión es que ahora mismo en mi nevera habita un dulce de chocolate del tamaño de mi antebrazo esperando a ser devorado y eso es un reto importante para mí fuerza de voluntad.

Todos tenemos algunos alimentos “gatillo”, algo que hace disparar especialmente nuestros circuitos del placer en el cerebro. Parece que mí debilidad es el chocolate, justo encima de esa misma nevera hay una bolsa de cacahuetes cubiertos de miel, llevan ahí semanas pero no suponen una tentación especial a pesar de que no me desagraden (¿a quien no le gusta algo ultra-salado y dulce al mismo tiempo?) pero no generan la misma respuesta emocional. En cada persona esos alimentos serán diferentes pero son capaces de llevarnos a esos momentos en que, de repente, y a pesar de tus mejores propósitos, te encuentras delante de la nevera y ese objeto de deseo, claramente fuera de cualquier dieta, salta a tu boca sin que puedas impedirlo, algo similar a lo que le pasa al joven Watson en la película “El secreto de la Pirámide”:

Espeluznante…

Cuestión de fuerza de voluntad

Cuando alguien te cuenta que no puede evitar saltarse su dieta y comer algún alimento “prohibido” es fácil decirle “resiste a la tentación y no te lo comas“, bueno, aquí va un secreto: la fuerza de voluntad es como un músculo, tiene una cierta de resistencia y, efectivamente puede ser entrenado, pero sus energías se van desgastando a lo largo del día.

Es posible superar las tentaciones cuando tus responsabilidades son limitadas pero cuando tienes en el menú, no solo cuidar de tu cuerpo sino trabajo, responsabilidades varias, hipoteca, hijos,… La cosa se complica.

¿Qué puedes hacer?

Bueno, lo más fácil es evitar que esas tentaciones se agazapen en la nevera. No las compres ni dejes que entren en tu casa en primer lugar, si eso fuese imposible guárdalas en un lugar fuera de la vista y que no frecuentes habitualmente. Evita especialmente sitios de paso como la encimera de la cocina o la nevera si no ves directamente el alimento es más fácil que no dispare ninguna tentación.

Mejora tu descanso, escoge un buen colchón, una habitación a oscuras, la temperatura adecuada y evita mirar el móvil/televisión/ordenador por lo menos media hora antes de irte a dormir. El sueño es la mejor forma de recuperación que tiene nuestro cuerpo, una persona descansada tiene mucha más fuerza de voluntad que una cansada y estresada.

Medita. Además de otras muchas virtudes la meditación mejora tu fuerza de voluntad y el auto-control al activar, precisamente, las áreas del cerebro donde se ubican estas capacidades.

Y por último, no te niegues completamente esos caprichos. Si decides que un alimento está prohibido y completamente fuera de tu dieta es muy posible que vuelva a tu cabeza una y otra vez (sí, dichoso cerebro). Intenta retrasar la satisfacción lo más posible, solo una comida a la semana en un día determinado o intenta incluirlo en tu dieta en algún momento óptimo (un alimento rico en carbohidratos puede encajar, de vez en cuando, en una comida post-entrenamiento si este ha sido especialmente intenso). Dicho lo cual y sin ninguna relación con lo anterior (guiño, guiño), ¡me voy a entrenar!.

¡Suerte!
(y resiste a las tentaciones)

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